Un incidente en mi vida, un acontecimiento bastante común, el robo de mi teléfono móvil, me enfrentó de frente a lo que sabía en teoría pero que esta vez tuve que experimentar en la práctica: la naturaleza ineludible de la prisión digital en cuyas redes estamos ahora capturados y cuya única dirección es la desaparición de nuestros derechos políticos.