Nuestra era sufre un empobrecimiento de la imaginación. La deriva totalitaria estrecha nuestra relación con el espacio (p. ej., confinamientos, reducción de viajes, bajo la protección de diferentes ideologías) y con el tiempo (p. ej., explosión de nuestra relación con la inmediatez, bajo la influencia del capitalismo de consumo y las pantallas). Por el contrario, la imaginación es esta función psíquica que nos permite abrir nuevos horizontes y navegar a través de los siglos.