Y yo diría que es un problema muy extendido hoy en día, este afán de encontrar remedios improvisados para curar una enfermedad sin nombre. Porque, salvo una cura milagrosa, ¿podemos garantizar un tratamiento eficaz para una dolencia no identificada? Por lo tanto, depende de nosotros tomarnos el tiempo necesario para diagnosticar esta extraña enfermedad de la civilización que padecemos. Y pocas personas disfrutan de esta tarea; aún menos tienen la aptitud para ello...