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¿Es la prudencia la virtud de un buen gerente?

3 de septiembre de 2009


En la actualidad, y más que nunca, las nociones de autoridad y poder se confunden. Sin embargo, la autoridad es sólo lo que legitima el poder. El poder sin autoridad es un poder que hostiga, mientras que la autoridad propone el respeto del poder sin restricciones. Por otra parte, en mi libro publicado en 2009 sobre la autoridad, he detallado estas nociones intentando abordarlas lo mejor posible, pero también comprender sus variaciones en nuestra vida cotidiana y profesional.


Hoy quisiera proponeros una reflexión sobre la prudencia, a menudo connotada negativamente y asimilada a una falta de audacia. Esto supone olvidar que la prudencia es la virtud misma del buen mando. Es una facultad de deliberación ética, la búsqueda de una conducta virtuosa.


Un buen líder debe ser capaz de medir los riesgos éticos inherentes a su toma de decisiones. Así, lo que caracteriza a un buen líder, según Aristóteles, es la prudencia, esa sabiduría práctica al servicio de la acción, que demuestra una capacidad de deliberación y decisión iluminadas.


Pero ¿cómo podemos adquirir la prudencia?


A menudo se trata de la virtud de las personas con experiencia. ¡Qué confusión moderna sobre la experiencia! La experiencia no es lo mismo que la edad. Es más bien el fruto de la intensidad de las situaciones vividas, de su número (en este sentido, la edad puede aumentar el número de situaciones vividas) y de la inteligencia capaz de sacar lecciones de ellas. Sería una pena olvidar que Aristóteles fue también el preceptor de Alejandro Magno… Escuchémosle informarnos sobre la virtud cardinal del buen líder…:

"Se acepta generalmente que la característica de un hombre prudente es que es capaz de deliberar correctamente sobre lo que es bueno y ventajoso para sí [...], pero de manera general, qué tipo de cosas, por ejemplo, conducen a una vida feliz. [...] se sigue que, en un sentido general también, un hombre prudente será aquel que es capaz de deliberar. [...] Queda entonces que la prudencia es una disposición acompañada de una verdadera regla, capaz de actuar en la esfera de lo que es bueno o malo para un ser humano. [...] Es por esto que consideramos que PERICLES y personas como él son hombres prudentes en cuanto que poseen la facultad de percibir lo que es bueno para ellos mismos y lo que es bueno para el hombre en general, y también son tales, pensamos, personas que entienden la administración de una casa o una ciudad. [...] De hecho, los principios de nuestras acciones consisten en el fin al que tienden nuestros actos; pero para un hombre corrompido por la atracción del placer o el miedo al dolor, el principio no aparece inmediatamente, y es incapaz de ver con vistas a qué fin y por qué motivo debe elegir y realizar todo lo que hace, porque El vicio es destructor del principio. Por tanto, la prudencia es necesariamente una disposición, acompañada de una regla exacta, capaz de actuar en la esfera de los bienes humanos.

(Aristóteles, Ética a Nicómaco).


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