Cuando organizo las Academias Filosóficas en Florencia, siempre procuro llegar un poco antes, por varias razones. Primero, Florencia es una ciudad que me encanta explorar a solas, al estilo de mi querido André Suarès, y preferiblemente cuando las multitudes de turistas se han dispersado, al amanecer, cuando el sol asoma sobre el Arno, o por la noche.