La radicalización de adolescentes y jóvenes adultos plantea la cuestión de qué procesos psicológicos, presentes en nuestras sociedades occidentales, los impulsan a ello. La adolescencia es un periodo iniciático clave, el momento en que el individuo aprende la autonomía, es decir, la capacidad de interiorizar las leyes morales universales y hacerlas suyas, para así liberarse del dominio de sus impulsos.