La arquitectura totalitaria ha inundado gradualmente nuestros paisajes y entornos, sin que apenas nos diéramos cuenta. Pero donde aún sorprende al observador ingenuo e inocente, capaz de dejarse llevar por el asombro, es cuando invade y contamina lugares sagrados. En este sentido, me propongo compartir con ustedes mi visita al Santuario de Fátima en Portugal.